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Ente Público RTVE

Consejo de Administración

ALVAREZ DEL MANZANO Y LOPEZ DEL HIERRO, José María
CALVIÑO IGLESIAS, José María 
DOMENECH MARTINEZ, Miguel 
DORADO ZAMORANO, Roberto 
ESCUDERO LOPEZ, José Antonio 
FERNANDEZ MARUGAN, Francisco 
GOMEZ REDONDO, Ramón 
KINDELAN JAQUOTOT, Antonio
LLORCA VILLAPLANA, Carmen
OLMO AIRES, Antonio del
PLAZA ESCARPA, Carlos
WERT O RTEGA, José Ignacio

DIRECTOR GENERAL 

CASTEDO ALVAREZ, Fernando

 INDICE 

PREAMBULO

1. - CONSIDERACIONES GENERALES
2. - PRINCIPIOS BASICOS DE LA PROGRAMACION
3. - LAS GRANDES AREAS DE LA PROGRAMACION EN LOS MEDIOS

3. 1 La información y la opinión

1. Objetividad e imparcialidad
2. Veracidad
3. Separación entre informaciones y opiniones
4. Libertad de expresión
5. Otras consideraciones

3.2 La cultura 
3.3 El deporte y la educación física
3.4 Los programas de entretenimiento
(Argumentales, variedades, concursos...)
3.5 La programación infantil y juvenil
3.6 Otros programas

1. Cooperación con el sistema educativo 
2. Programas religiosos

4. - RECOMENDACIONES ESPECIALES PARA CADA MEDIO

4.1 Televisión Española
4.2 Radio Nacional de España
4.3 Radiocadena Española

PREAMBULO

La Constitución española de 1978 señala, en su artículo 20.3, que  "La ley regulará la organización y el control parlamentario de los medios de comunicación social dependientes del Estado o de cualquier ente público y garantizará el acceso a dichos medios de los grupos sociales y políticos significativos, respetando el pluralismo de la sociedad y de las diversas lenguas de España".

Las Cortes Generales desarrollan tal mandato por la Ley 4/ 1980, de l0 de Enero, del Estatuto de la Radio y la Televisión. Por la misma se consagra COITIO órgano permanente de la alta gestión y control al Consejo de Administración atribuyéndole, a tal fin, muy variadas competencias en orden a la programación, genéricamente amparadas por el epígrafe uno d) de su artículo 8º, cuyo tenor literal es el siguiente:

"Aprobar, a propuesta del Director General de RTVE el plan de actividades del Ente Público, fijando los principios básicos y las líneas generales de la programación, así como el plan de actuación de las distintas Sociedades de RTVE".

Cumplidos los oportunos trámites y en su sesión del día 28 de Julio de mil novecientos ochenta y uno, el Consejo de Administración de RTVE, por unanimidad de sus miembros, ha aprobado los principios básicos y líneas generales de la programación que a continuación se exponen. Estos principios deben tener la máxima difusión entre el personal que presta sus servicios en los medios, y en la opinión pública, a cuyos efectos, se dará la máxima difusión a este documento, de modo especial en todos los Servicios del Ente Público y sus Sociedades.

En la redacción de estos principios básicos y líneas de programación se adopta como referencia última el texto constitucional, cuyos propios principios de supremo rango informan y sirven de guía de interpretación del presente documento. Asimismo, debe hacerse aquí una referencia a los principios básicos que dimanan directamente del Estatuto de la Radio y la Televisión y cuyo cumplimiento es inexorable para los Medios comprendidos bajo la órbita de actuación del Ente Público.

El Estatuto de la Radio y la Televisión dice en su preámbulo: "la necesidad de establecer unas normas claras y precisas con rango de Ley para el funcionamiento de la radio y la televisión procede de la Constitución y del pluralismo político que proclama como valor del ordenamiento jurídico. La radiodifusión y la televisión, configuradas como servicio público esencial, cuya titularidad corresponde al Estado, se conciben: - "como vehículo esencial de información y participación política de los ciudadanos" .

- "de formación de la opinión pública".

 - "de cooperación con el sistema educativo".

 - "dé difusión de la cultura española y de sus nacionalidades y regiones".

- "así como medio capital para contribuir a que la libertad y la igualdad sean reales y efectivas". - "con especial atención a la protección de los marginados y a la no discriminación de la mujer".

En su artículo tercero dice el Estatuto. " El presente Estatuto se interpretará y aplicará con arreglo a los criterios de respeto, promoción y defensa de los valores de ordenamiento constitucional".

Por Último, en su artículo cuarto, señala el Estatuto: " La actividad de los medios de comunicación social del Estado se inspirará en los siguientes principios:

a) La objetividad, veracidad e imparcialidad de las informaciones.
b) La separación entre informaciones y opiniones, la identificación de quienes sustentan estas últimas y su libre expresión, con los límites del apartado cuatro del artículo veinte de la Constitución.
c) El respeto al pluralismo político, religioso, social, cultural y lingüístico. 
d) El respeto al honor, la fama, la vida privada de las personas y cuantos derechos Y libertades reconoce la Constitución.
e) La protección de la juventud y de la infancia.
f) El respeto de los valores de igualdad recogidos en el artículo catorce de la Constitución"

 1.- CONSIDERACIONES GENERALES

En 1981 la Televisión Española cumple veinticinco años, mientras que la Radio ha superado ya hace años el medio siglo de emisión regular en nuestro país. Sin embargo, por primera vez nos enfrentamos en el marco de un régimen constitucional y democrático, a la tarea apasionante, pero llena de riesgos, de fijar para los medios audiovisuales de titularidad pública unos principios básicos a los que debe responder su funcionamiento cotidiano. Es momento, pues, de reflexionar sin pretensiones de perfeccionismo, con humildad, para dotar a estos Medios de un marco de referencias valorativas que, por vez primera, debe responder a un compromiso publico, enmarcado en unos principios superiores definidos por la Constitución y la norma legal básica, y que es, por tanto, algo totalmente diferente en su forma y en su forma y en su sustancia a las orientaciones particularistas, más o menos contestables, más o menos explícitas, que empíricamente han guiado el contenido de estos Medios a lo largo de su corta pero azarosa existencia. Y esto sucede en un momento históricos, en el que nuestro país atraviesa una situación de singular complejidad.

No es esta la ocasión ni el marco para analizar, con el rigor y la profundidad que el tema requiere, todos los parámetros que definen esa situación. En la valoración de los antecedentes puede y debe haber lógicamente discrepancias. Deliberadamente este documento pretende, en sus aspectos básicos, moverse al nivel de lo compartible, de lo que la ciencia política sajona denomina el "agreement of the fundamentals", aplicado tanto a !a definición del dónde estamos, cuanto a la de dónde queremos ir y qué pueden hacer los Medios cuya organización y control nos confiere la ley para conseguirlo. Por decirlo claramente, nuestro objetivo es el establecimiento de los valores de la cultura cívica que deben impregnar la programación de los Medios.

Además de ello, en un plano distinto y con un carácter diferente, se formulan en este documento una serie de líneas  sectoriales y recomendaciones específicas para cada Medio, tendentes a conseguir una programación más acorde con las demandas sociales específicas que, de una u otra forma, a través de uno u otro canal, los españoles formulan a los Medios de Comunicación. De alguna manera, distinguimos así entre unos principios básicos - una suerte de valores- horizontales que deben inspirar permanentemente la programación de todos los Medios comprendidos en el Ente Público, y unas líneas generales de programación a modo de objetivos sectoriales que deben orientar y a los que han de acomodarse los concretos esquemas de programas de cada uno de los Medios.

2.-PRINCIPIOS BASICOS DE LA PROGRAMACION

Es lícito, en un sistema democrático, asignar unos objetivos a los medios de comunicación, como piezas esenciales que son en la articulación de cualquier proyecto de ordenación de la sociedad.

El Consejo de Administración asume decididamente este papel que le ha sido democráticamente encomendado. Entiende los objetivos de la programación como un conjunto normativo impulsor y no como un conjunto meramente restrictivo; esto es, como algo que orienta y enriquece la actividad profesional, y no como algo que la recorta  y empobrece.  Así pues, nadie puede negar la legitimidad de un proyecto direccional para estos Medios de Comunicación.

No es controvertible el que nuestra sociedad atraviesa una crisis de identidad nacional. Con manifestaciones a veces tangibles, en ocasiones casi inaprehensibles, lo cierto es que los españoles, parecemos desorientados sobre qué significa nuestra pertenencia a una comunidad nacional. También parece fuera de duda que no se ha producido aún una interiorización en el cuerpo social de los nuevos principios rectores de nuestra convivencia, que la población no ha acabado de comprender qué significa vivir en democracia y cuáles son sus ventajas, aunque de una manera intuitiva acate el orden constitucional y se alinee con él. El proceso político de reinstauración democrática en nuestro país ha coincidido en el tiempo con la más fuerte crisis económica que ha sacudido a las economías occidentales desde la Gran Depresión. Para una población no demasiado acostumbrada al análisis de los grandes fenómenos políticos, económicos y sociales, esta coincidencia en el tiempo puede conducir a una identificación entre régimen democrático y crisis económica con su secuela de deterioro de las condiciones de vida. Por ello, se hace necesario contribuir desde los Medios de Comunicación a deshacer tal interpretación simplista.

Es además preciso incorporar un cierto espíritu de avance colectivo en la dirección que la sociedad se va dando a sí misma; hay que hacer renacer la esperanza, no cerrando los ojos a las dificultades reales, sino adquiriendo la conciencia de que con la voluntad, el esfuerzo Y la solidaridad de todos se pueden superar.

Ante este análisis pueden definirse los siguientes principios básicos a satisfacer por la programación, entendiéndolos no sólo como objetivos concretables en piezas particulares, sino como ideas-fuerza que deben impregnar horizontalmente la programación de los Medios:

1.- Fomentar la identificación de las audiencias con los valores que la Constitución reconoce y en que funda la convivencia nacional : la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. No sólo en el sentido de acatamiento pasivo de dichos valores, sino en el de la beligerancia para su defensa y promoción. Ninguna opinión atentatoria o vejatoria para la democracia y sus instituciones será expresada unilateralmente ni, en consecuencia, permanecerá irrebatida. Tal criterio es de idéntica aplicación a los programas no específicamente informativos ni de opinión, e incluso a los de producción ajena. En ningún caso se emitirán opiniones que propugnen el derrocamiento de la Constitución o su reforma por medios en ella no previstos, ni aquellas otras que Invitaren a ta violencia o al desacato a las leyes.

Los criterios de defensa, respeto, divulgación y promoción de la Constitución en que RTVE inspirará su programación son, con las singularidades que imponga la naturaleza de la audiencia, igualmente aplicables a las emisiones de carácter infantil y juvenil Dicha Programación infantil y juvenil se asentara, enfáticamente, en los valores de libertad, solidaridad, igualdad, no violencia, tolerancia v respeto a las leves.

Especial atención se prestará a la no discriminación de la mujer. Se favorecerá su equiparación -como ciudadano— con el hombre, evitándose cualquier 'rato vejatorio o simplemente instrumental de la misma

2 — De modo más concreto, contribuir al refuerzo de los sentimientos de unidad nacional y solidaridad entre todos los españoles, sentimientos en un sistema basado en el reconocimiento y respeto de la pluralidad y la diversidad lingüística, cultural y territorial de las comunidades humanas que se integran en la Nación española. Los Medios asumirán con plenitud la defensa, promoción y divulgación de la cultura y el idioma de la Nación española. Igualmente, serán respetuosos con los hechos culturales y lingüísticos diferenciales de sus nacionalidades y regiones, fomentando su difusión y la general comprensión hacia los mismos. Acrecentar la legitimidad social de los símbolos de esa unidad (el himno, la bandera, etc.) desvinculados de cualquier tipo de significación particularista histórica o presente

3 — Estimular los hábitos de diálogo, tolerancia y apertura: propiciar el debate como fórmula de dirimir las discrepancias y los conflictos, despertar el espíritu cívico como base fundamental de toda convivencia social, diseminar la idea de repudio a las soluciones violentas, sin ambigüedades de ningún género.

4.— Reforzar en la población los sentimientos de legitimidad de las Instituciones. La Corona, el Parlamento, el Gobierno, las Instituciones de las Comunidades Autónomas y de la vida local, el Poder Judicial, los Partdos políticos, las Fuerzas Armadas, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, los Sindicatos de trabajadores, Asociaciones empresariales. Así también en lo que respecta a la Iglesia Católica y las demás confesiones religiosas reconocidas. Ello es perfectamente compatible con el ejerccio de la libertad de expresión que la propia Constitución reconoce y que el Estatuto ampara y promueve, pero debe evitarse el menoscabo sistemático de las Instituciones que articulan nuestra convivencia.

5. - Explicar, sin canalización, con rigor, pero asequiblemente, los problemas de ;a economía nacional y su inserción en un contexto más amplio, sin ocultar la gravedad de las situaciones y la diversidad de las alternativas, pero, al mismo tiempo, sin fomentar artificialmente la desconfianza y el pesimismo.

6. — La radio y la televisión deben ser espejos vivos y fieles de la realidad, sin exclusión de ningún aspecto que merezca ser recogido La libertad de expresión es una actitud permanentemente esigible en los Medios y a los profesionales. Debemos caminar hacia una radio y una televisión activas y dialogantes con los ciudadanos: frente a unos medios “adormecedores”, unos medios reflexivos, que estimulen el diálogo y el debate. La radio y la televisión han de contriubir a fomentar las aspiraciones de participación de los ciudadanos y su enriquecimiento moral y estético. El sentido de la cultura viva ha de atravesar horizontalmente, impregnándola, la programación de los distintos Medios.

Por último, la radio y la televiisón pueden y deben fomentar a través de la sectorialización de sus contenidos, el ejercicio de la selección comunicativa por parte de las audiencias, y no debe desdeñarse tampoco el que estos medios contibuyan asimissmo a llamar la atención de sus propios ususarios hacia otras fuentes de formación, información y entretenimiento.

En resumen, se trata de desarrollar una programación no paternalista, dirigida a una ciudadanía libre y responsable, en posesión de todos sus derechos cívicos.

Estos principios no agotan, desde luego, una estructura de objetivos para el comportamiento de los Medios; son simplemente una lista elemental de prioridades que deben ser atendidas en un momento prreciso y ante una situación concreta.

Por supuesto la lista es susceptible de enriquecimiento y profundización y, por ello, la voluntad de permanencia de estas prioridades no puede predefinirse.

En un proceso tan fluido como el de nuestra comunidad y ante una realidad tan dinámica como la de los Medios de Comunicación, estos documentos tienen siempre un carácter abierto y nuestra responsabildiad es la de atender a los “signos de los tiempos” para hacer fructífero este espíritu de apertura.

3. LAS GRANDES AREAS DE LA PROGRAMACION EN LOS MEDIOS

En este apartado se formulan una serie de líneas generales que deben presidir el tratamiento que se dé en los medios que dependen del Ente Públcio a las distintas áreas en que se articula la programación. Se trata por tanto de definir objetivos sectoriales que se integran con los objetivos horizontales definidos anteriormente y que con ellos constituyen el repertorio de exigencias respecto a las que se evaluará por el Consejo –en cumplimieno de su mandato institucional- la programación en cada momento.

3.1. La información y la opinión

No es gratuito comenzar este apartado con los objetivos en materia informativa y de opinión. Este es sin duda el campo más sensible de todos los que integran la programación y también aquél en el que inciden en mayor medida los principios reflejados en la Constitución y el Estatuto. La primera reconoce el derecho a “comunicar o recibir libremente información veraz” sin “censura previa” de ningún tipo (Art. 20). El segundo, en su preámbulo, se refiere a los medios como “vehículos esenciales de información y participación política de los ciudadanos” y en su artículo cuarto (núcleo de la parte “dogmática” del texto estatutario) menciona como principios inspiradores de la actividad de los medios de comunicación social del Estado “la objetividad, veracidad e imparcialidad de las informaciones” y la separación entre éstas y las opiniones.

En la presente situación española, el papel de los Medios que dependen del Ente Público y de modo muy singular, el de TVE, en la información de los ciudadanos es crucial. Cerca del setenta por ciento de la población adulta no tiene otro canal formalizado de acceso a la información que la televisión. Tres quintas partes de esa población ve todos los días algún programa informativo en TVE. A su vez, los servicios informativos de RNE llegan en algún momento del día a cerca del veinte por ciento de los ciudadanos. Por otro lado, los servicios informativos de RCE cubren un importante papel de información local y regional. Estas cifras dispensan de mayor comentario sobre la trascendencia social del tema informativo en RTVE.

Los programas informativos y de opinión deben responder esencialmente a dos objetivos comunes de toda la programación:

1)    Proveer de conocimientos a todos los ciudadanos.

2)    Estimular una respuesta libre y fundada ante los hechos y datos expuestos.

Con independencia de lo que se señalará en sus correspondientes apartados sobre cada uno de los Medios, hay una serie de exigencias comunes que se plantean para el conjunto de ellos. De modo sintético serían las siguientes:

1.- En cuanto a las nociones de objetividad e imparcialidad de las informaciones, es preciso interpretarlas a la luz del sistema político de democracia parlamentaria y de los valores reconocidos y amparados por la Constitución. La consecuencia de este planteamenieno es que no hay que confundir la objetividad e imparcialidad con el equilibrio matemático ni con la indiferencia hacia los valores básicos. Insistimos en los argumentos de la primera parte de este texto que resultan en especial aplicables al área de la información y la opinión. La objetividad y la imparcialidad no están reñidas con la beligerancia en la defensa de aquellos valores.

Procede aquí recordar, de modo particular, las orientaciones que se expresan en el apartado relativo a los principios básicos, en virtud de las cuales “las opiniones que estén dirigidas contra el sistema democrático e institucional, tal y como se interpreta a la luz de la Constitución, no podrán ser expresadas unilateralmente ni permanecer irrebatidas. En ningún caso se dará cabida a grupos ilegales, ni se emitirán opiniones que propugnen el derrocamiento de la Constitución o su reforma por medios en ella no previstos, ni aquellas otras que invitaren a la violencia o al desacato a las leyes”.

En el terreno de lo controvertido en la sociedad, la objetividad y la imparcialidad no sólo implican la expresión de los puntos de vista diferentes que sostienen los distintos actores sociales, sino también, la atención al eco social que despiertan.

La imparcialidad exige tratamientos informativos similares para actos públicos equivalentes originados en las diferentes fuerzas políticas, sindicales, sociales, culturales y religiosas del país, de acuerdo con su implantación objetiva en el conjunto de la sociedad española. Esto es aplicable tanto a las dimensiones estrictamente informativas como a las de opinión o debate, aunque su realización se efectúe de modo diferente en cada supuesto.

2.- La noción de veracidad en la información resulta especificamente exigente en los Medios de que tratamos por razones que atañen tanto a su naturaleza comunicativa como a su función social. La radio y la televisión son canales de flujo continuo en que el modo de recepción escapa al control de la audiencia, que no puede “volver” sobre lo que ha visto u oído, como hace el lector de un periódico o una revista. Al propio tiempo hay aún un crédito social muy extendido al carácter de verdad probada de cuanto se dice en RNE y TVE. Ambas circunstancias imponen que de la información de estos Medios estén ausentes la especulación y el rumor no contrastados, que se efectúe siempre una identificación prevista de la fuente, que se contextualicen (sin editorializaciones disfrazadas) las noticias en función de su emisor, que se haga una información inteligible pero sin mitificaciones ni simplificaciones o recortes abusivos. Todo ello es una tarea que exige una continuada paciencia y entrega por parte de los profesionales responsables a la que, como reto institucional, ha de prestársele atención inmediata.

En ningún caso se utilizarán fórmulas que, presentadas como encuestas de opinión, no respondan a una metodología científica y deformen la auténtica representatividad de los opinantes. Por lo que de modo particular se refiere  a la difusión de encuestas y sondeos eleectorales, se estará a lo que dispone la Ley 14/80 de 18 de Abril, cuyo escrupuloso cumplimiento es un imperativo singular para los Medios de titularidad pública.

3.- La separación entre informaciones y opiniones, que puede considerarse como un aspecto particular de la trilogía básica de principios (objetividad, veracidad e imparcialidad), es un tema singularmente delicado que presenta varias vertientes dignas de consideración. En primer lugar, la frontera entre unas y otras es a menudo difusa o lábil: a veces la información no es aislable de la opinión porque nos dá cuenta de hechos o sucesos, sino de posturas o planteamientos de individuos o grupos. En estos casos se aplica lo que señalamos más arriba en torno a la cuestión de la veracidad y de la objetividad e imparcialidad. El supuesto más específico es el de que desde el propio Medio a través de sus profeisonales de la información se opine sobre los temas de actualidad. No cabe en este caso trazar un principio rígido de prohibición ni de promoción de tales incursiones editoriales desde los Medios de titularidad públcia. Debe insistirse, sin embargo, en la necesidad de la identificación precisa del carácter editorial o de opinión de estas intervenciones (incluso mediante los soportes gráficos o auditivos necesarios) y en la aplicación a tales supuestos de los principios vigentes para la información en general, lo que excluye la unilateralidad, el sectarismo y cualquier forma de parcialidad por parte del comentador. Por último, este principio tiene su traslación particular al caso de los programas de opinión en que se enfrenten (sucesiva o simultáneamente) visiones contrapuestas o diversas ante cuestiones de interés público. A este tipo de progrmas se aplica de modo particular la necesidad de imparcialidad refleajada en la organización y planteamiento de los msmos, en la actitud y participación del personal – moderador, realizador, cámaras- en el empleo de los medios técnicos y artísticos y en su emisión.

Cuando se solicite la intervención de cualquier persona para un programa de opiníón o debate, deberá ser informada de la fecha aproximada de emisión, características y contenidos y relación de participantes del programa de que se trate. Cualquier alteración sustancial del mismo, previa a su emisión, deberá ser advertida a cada uno de los invitados, a fin de que éstos, a la vista de los cambios introducidos, puedan decidir libremnte el mantenimiento de su participación en el programa o su retirada del mismo. En el último supuesto, los responsables del programa podrán exponer a los espectadores los cambios producidos y las razones de dichos cambios.

4.- Dentro del más escrupuloso respeto y promoción de la libertad de expresión, el tema de sus límites constitucionales y legales precisa también de escrupuloso cuidado. La atención a la repercusión social de los Medios y, sensiblemente, de la televisión, oblga a extremar las normas de respecto ”al honor, la fama, la vida privada de las personas” (Art. 4º, apdo. d) del Estatudo, “el derechos a la propia imagen” Art. 20, apartado 4 de la Cosntitución) y cuantos otros señala el Titulo 1º de la Constitución. En su concreción práctica estos límites deben traducirse en un estilo informativo que rechace cualquier “audacia” en temas que repercutan sobre el honor o el buen nombre de ciudadanos, sin excepción alguna de rango, o posición social, en unas normas de buen gusto y corrección en lo que se refiere a tratamientos y nombres, evitando un “informalismo” excesivo y, sobre todo en televsión, en un cuidado en la presentación visual de las situaciones de forma que no vaya en deterioro de la imagen de las personas.

La sensibilidad social, por otra parte, exige un cuidadoso uso de aquellos términos de índole calificativa –tales como “gitano”, “homosexual”, “parado”, extranjero”, etcétera. Que pudieran ser utilizados o interpretados de forma peyorativa, o relacionados con hechos condenables en aparente relación causa-efecto, o que pudieran inducir actitudes de marginación.

5.- En otro orden de cuestiones, susceptibles ya de una valoración más técnico-profesional, deben atenderse las siguientes recomendaciones:

-En los programas informativos, tanto de radio como de televisión, se hará una utilización cuidadosa del lenguaje, evitando particularmente los barbarismos tanto de léxico como de sintaxis.

-Se buscará una agilización del mensaje informativo mediante la optimización de los recursos técnicos en cada Medio y la adecuación del tratamiento a los códigos específicos de la radio y la televisión.

-Se procurará un incremento en el autoaprovisionamiento informativo, reduciendo la dependencia tanto interior como exterior.

-La cualidad esencial de la noticia debe ser su plena objetividad. Los elementos que la conforman deben describirse con precisión, rechazándose todo tipo de argumentaciones que pudieran condicionar en el público una valoración parcial o equívoca del hecho.

-Por lo que respecta a la difusión de noticias y acontecimientos en el medio radiofónico, sería deseable, en primer lugar, la emisión simultánea con el hecho; cuando esto no sea posible, por razones técnicas, de seguridad pública o económicas, se procurará el mayor acercameinto temporal al suceso.

-En el medio televisivo, las alteraciones de la programación habitual que pudieran producirse por la emisión en directo de determinadas noticias y acontecimientos, se modularán en función de la importancia objetiva de los hechos que originen dicha informaicón, así como de la expectación social que despierten.

-Condición indispensable para una adecuada información televisiva es el ajuste de las imágenes a los textos. Ciertos textos pueden contradecir o alterar el signficado de ciertas imágenes y viceversa.

-Como principio general, toda información debe reunir sus características sonoras propias, evitando el uso retórico de músicas de fondo que provocan valoraciones ajenas a las imágenes y a los textos o, cuando menos, no logran sino distraer y confundir.

-Hay que evitar cuidadosamente que el ordenamiento de las distintas noticias favorezca falsas e inexistentes relaciones entre las mismas.

-Asimismo, es necesario salvar equívocos derivados de aparentes paralelismos y trasposiciones de sistuaciones ajenas a las del propio país, así como los que se derivan de la utilizción de denominaciones políticas con signficado distinto en distintas sociedades.

-Frecuentemente, determinados productos industriales o culturales, o determinadas actvididades dedsarrolladas por el mundo del espectáculo, conllevan, junto al hecho noticioso en sí, una enorme carga de publicidad gratuita que, por vía de la promoción, produce incuestionables efectos comerciales. Como norma general, sería de desear que esta inevitable –aunque positiva en ocasiones- dimensión promotora soslayase, sin restar información útil al espectador, aquellos aspectos publicitarios  y comerciales más ostentosos. Asimimsmo, es recomendable que dichos productos y actividades sean considerados en el ámbito de los correspondientes programas especializados, y sólo accediesen a programas de información general por razones objetivas y excepcionalmente, bien por el eco social que despierten, bien por su calidad intrínseca y reconocida.

3.2. La Cultura.

En el preámbuo del vigente Estatuto de la Radio y la Televisión se señala la concecepción de estos medios como “vehículos esenciales… de difusión de la cultura española y de sus nacionalidades y regiones”. En el apartado referente a los principios básicos se ha mencionado la importancia del refuerzo de ciertos valores de identidiad cultural en la programación de los Medios. Aquí vamos a referirnos de modo más concreto  a esa función de difusión y creación de la cultura que los Medios deben cumplir.

En ese sentido, cabe a los Medios, y muy especialmente a la televisión, tomar concicencia de su propia capacidad para generar cultura, de su condición de “fábricas de estética” y, por ende, de escuelas del gusto y de la sensibilidad. De ahí la exigencia de calidad, de rigor visual y sonoro que hay que exigir –y han de exigirse- los profesionales de los medios,. De ahí, también la necesidad y el riesgo de la experimentación formal, de la búsqueda de nuevos recursos expresivos.

Desde el punto de la “demanda” hay que comenzar por la constatación de la pasividad, la falta de interés (sentida a veces con complejo de culpa y a menudo disfrazada), y el desarraigo con los que el telescpectador y el oyente medios se acercan a los contenidos culturales que les suministran la radio y la televisión.

En televisión, los datos disponibles sobre opiniones ante los programas concretos de este carácter y ante el conjunto de ellos, son más bien desalentadores: constituyen el género de programas con menos audiencia y que se evalúan más negativamente (con pocas excepciones). En radio, las pocas investigaciones disponibles sobre aceptación y, sobre todo, los datos de audiencia de los soportes específicamente culturales (los antiguos Segundo y Tercer programa de RNE) muestran que, aunque hay sectores minoritarios entusiastas, alcanzan niveles de audiencia casi insignificantres. Es obvia, pues, la necesidad de modificar la situación, sin desatender los derechos de estos sectores minoritarios de la audiencia.

Dos son los grandes objetivos a cubrir por la programación de los Medios en este terreno:

-Acercar directamente la cultura –particularmente española- a sectores cada vez más amplios de la población, y

-Estimular la demanda y la práctica de la cultura en la sociedad española a través de sus manifestaciones (museos, música, teatro, libro, etc.).

O dicho de otro modo, llevar la cultura a casa e incitar a salir de ella para vivirla.

Desde la perspectiva del tratamiento de los Medios del fenómeno cultural y del “estilo” cultural de la programación de los mismos, debe asumirse una concepción de la cutlura como soporte permanente de toda la programación; la cultura debe reflejarse como un proceso vivo y como un proceso acumulativo, abierto, pluralista por su propia raíz debe hacerse hincapié en el carácter lúdico de la cultura, en sus dimensiones participativas; el tratamiento de la cultura por los Medios debe ser sensible no sólo a los productos canónicos y consagrados, sino también a los fenómenos de vanguardia y las modas culturales en los distintos campos. Por último, la “imagen” de la cultura que den los Medios, debe reflejar las relaciones entre el hecho cultural y la vida cotidiana de los ciudadanos.

2.- Las modalidades de programas y hasta de “estilo” para conseguir estos objetivos requieren de imaginación y cierto sentido del riesgo. Precisamentete porque el recelo existe hay que explorar las vías de disiparlo. En este campo, más propicio que ningún otro en el ensayo y la experimentación de fórmulas, hay que estar partcularmente atento a la reacción de la audiencia. Se trata de invertir un prejuicio casi atávico y hay que saber de entrada que ello no es cuestión de meses. Pero hay que vigilar que los modestos pasos que se dén, vayan en la dirección correcta.

3.- Es preciso, en la línea de cambiar la relación del espectador y el oyente con la cutlura, un inteligente esfuerzo pedagógico, lo que no significa banalizante ni simplificador. Hay que enseñar a disfrutar, sin engañar sobre las “penalidades” de ese disfrute (valga la paradoja).

4.- Para algunos sectores específicos de la programación cultural se pueden formular las siguientes recomendaciones:

-Mayor atención a la música clásica, sobre todo en televisión. Racionalizar e incrementar la producción de música viva, procedente de la Orquesta y Coros de RTVE, tanto para el consumo de los Medios como para la concurrencia en el mercado internacional desde posiciones más ventajosas.

-La integración del hecho musical (como acontecimiento) con la dinámica de la vida cultural recomienda el incremento de las trnasmisiones musicales que se celebren dentro y fuera de nuestro país, y su contextualización “pedagógica”.

-En cuanto a la música “ligera” se tendrá especial cuidado en evitar los fenómenos –tan frecuentes en el pasado- de utilizar los Medios estatales como soportes de publicidad encubierta de las poderosas compañías discográficas. Al mismo tiempo en las actuaciones musicales se precisará mediante los correspondiente indicativos si se trata de actuación en vivo o (total o parcialmetne) en play-back.

-En materia de Bellas Artes, incrementar la producción de información de actualidad y divulgación histórica sobre las artes plásticas, particularmente en España; destacar la riqueza museística y monumental de nuestro país.

Por razones de sistema, las recomendaciones sobre alguna manifestación cultural específica, como el cine y el teatro se llevan al apartado que se dedica a los programas argumentales.

5.- Un aspecto esencial de toda la programación de los Medios que incide sobre la dimensión de vehículos culturales es la preocupación por el lenguaje.

No puede olvidarse que el lenguaje de los medios – y muy particularmente la televisión- se asimila como forma canónica del habla culta, lo que quiere decir que se constituye en el principal patrón a seguir por la audiencia. En este sentido, se puede pensar en la utilidad de un Manual de Estilo único, que se aplicará a los Medios y que evitará incorrecciones en el léxico y la sintaxis de locutores y presentadores. Todo ello sin perjuidcio de la utilización de términos y formas peculiares de lenguaje cuando las necesidades expresivas de los programas así lo requieran.

6.- Dentro de los programas culturales, los de divulgación científica (medicina, antropología, biología, ecología, botánica, zoología, etc.) vienen siendo una excepción –particularmente en TVE- por lo que a audiencia y aceptación se refiere, ya que muchos de ellos han alcanzado cotas estimables de aprecio y difusión. En este tipo de programas, conviene continuar la línea hasta ahora seguida e investigar la aparición de nuevos centros de curiosidad en la población para incidir sobre ellos con producciones propias y ajenas. En todo caso el conocimiento científico debe primar sobre el no científico (brujería, ocultismo, astrología, curanderismo, etc….).

3.. El deporte y la educación Fisíca.

El 24 de Enerro de 1980, el Comité de Ministros del Consejo de Europa adoptaba unas resoluciones instando a que entre los órganos deportivos y los responsables de TV nacionales lograrán acuerdos de cooperación, con el fin de:

1.- “Examinar los medios que permitan a la televisión estimular más a la práctica del deporte”.

2.- “estudiar la realización de nuevos tipos de programas (incluidos métodos y horas de emisión) destinados a promover la práctica del deporte; atender el elemento recreativo en la transmisión de manifestaciones deportivas; dar a conocer deportes nuevos o minoritarios; reflejar y analizar la violencia asociada a las manifestaciones deportivas, así como la excesiva intervención de intereses comerciales en el deporte aficionado…”.

Estas recomendaciones venían a sancionar las conclusiones del seminario de Expertos que, organizado por el CDDS del Consejo de Europa, se había celebrado en Olimpia (Grecia) del 20 al 27 de Octubre de 1975, sobre el tema “TV y Deporte”

Se hace preciso transcender  -y esto no es ningún planteamiento original pero su aplicaicón sí lo sería- el esquema de deporte espectáculo versus deporte popular o deporte para todos.

Estudios recientes sobre la distribución en la población española de la aficción y la práctica deportiva nos indican que algo más de la mitad de la población mayor de quince años está interesada por el deporte, aunque tan sólo una cuarta parte práctica alguno con mayor o menor asiduidad o intensidad.

El mismo estudio pone de manifiesto la crítica que, por o menos a nivel retórico, se formula a la excesiva atención que recibe en los Medios de comunciación el deporte espectáculo en contraste con la pobre atención que recibe el deporte para todos.

Debe significarse que existe un sustrato actitudinal óptimo para que, desde los Medios de Comunicación y singularmente desde TVE, se incida eficazmente en el incremento de la práctica deportiva y la generalización de la educación física en la población española, sin desconocer la lógica atención que la audiencia demanda a las manifestaciones del deporte espectáculo.¡

La presencia del deporte en RTVE debería atender a estas siete vertientes:

1.- Ubicar el deporte dentro del continuum educativo del pais. Es necesario sacar el fenómeno “deporte” del ghetto de los típicos “programas deportivos”; el deporte forma parte de la vida y de la reflexión del hombre (tiene una historia, cuenta con una filosofía, hay sobre él una literatura, lo rodea un folklore, etc.). De vez en cuando debe aparecer en programas de carácter general.

2.¨Fomentar el debate sobre los temas menos tratados de la estructura del deporte. Discusiones sobre la vigencia del Movimiento Olímpico, problemas del profesionalismo, explicar que es hoy la “educación física” en contraposición a la tradicional “gimnasia”, las relaciones de la educación física con el ritmo y la danza, el deporte en el Estado (Autonomías, Municipios, etc.).

3.- La vertiente educativa del deporte. La importancia formativa del ejercicio físcio, su papel en la educación para el ocio; deporte y formación higiénica y sanitaria.

4.- Facilitar la labor de promoción y organización deportiva. Dando normas y experiencias de cómo se pone en marcha el deporte en un núcleo rural, en áreas urbanas, cómo se organizan pruebas populares, cómo se monta un club, para qué sirven las denominadas “agrupaciones deportivas”.

5.- El deporte espectáculo. Programas específicamente deportivos centrados en la retransmisión de manifestaciones deportivas. Habría que hacer hincapié en dos criterios:

-Hacer más amplia la gama.

-Acompañar la retransmisión de comentarios seriamente fundados (técnicas, reglas de juego, etc.) del deporte que se contempla.

6.- Estimular la práctica deportiva. Programas especiales dedicados a dar a conocer las posibilidades de ejercicio que ofrece el entorno, a guiar en la realización correcta de ejercicios físicos, a informar de manifestaciones populares, etc.

7.- Explicar que cada edad tiene su deporte, es decir, que el deporte no es una actividad confinada a sectores jóvenes de la población, sino que como práctica cultural, en un sentido amplio de la palabra, se adapta a las distintas actitudes y posibilidades de todos los grupos de edad de la población.

3.4. Los programas de entretenimeinto (Argumentales, Variedades y Concursos).

No puede desconocerse que desde el punto de vista de la demanda, fundamentalmente en televisión, este género programático es el que concita la mayor audiencia y la máxima aceptación. Desde un ángulo funcional está demostrado que la televisión (y en menor medida la radio) son medios fundamentalmente consumidos en cuanto vehículos de entretenimiento.

En una reciente investigacón sobre la imagen del medio se pone de manifiesto que el entretenimiento es el aspecto principal de la televisión para una gran parte de los telespectadores. Ninguna otra función se percibe con tanta importacncia por la población receptora. Los programas cinematográficos, los programas de variedades, los concursos concitan un interés generalizado, aún cuando los niveles de aceptación que obtienen los programas singulares oscilan en función de distintos parámetros.

Así las cosas, la importancia de los programas argumentales no deriva sólo de la compulsión de la audiencia respecto a ellos, sino también de la virtualidad que presentan de “contaminar¨” o “sanear” la imagen del medio en su conjunto.

Reviste, por lo tanto, el mayor interés formular algunas recomendaciones específicas sobre la programación en este dominio:

1.- Resulta casi obvio insistir en la necesidad de incrementar la producción propia de obras argumentales. Las consideraciones que se hacían sobre el rescate de nuestra identidad cultural en el apartado correspondiente son aquí especialmente oportunas. Una cultura con la tradicción y la riqueza de la española (que incluye dentro de sí toda la tradicicón cultural de las distintas comunidades hispanoparlantes distribuidas por el mundo) tiene que tener vivo reflejo en la programación argumental de los medios. Las necesarias limitaciones que a esta política impone la parquedad de recursos frente al gran costo de estas producciones, exige que la política de selección sea particularmente cuidadosa, por la repercusión económica de cualquier despilfarro en este terreno. No basta, en todo caso, con revisar a nuestros clásicos mayores y menores a la hora de producir y programar espacios dramáticos y argumentales propios. Es ncesario volver los ojos sobre la realidad española actual, tender a la utilización de guiones originales, escritos específicamente para la rado y la televisión, y promover voluntades y talentos del personal creativo de los Medios en esta dirección.

2.- En el campo de las producciones ajenas y sobre todo de las específicas de televisión (telefilmes), la política  de compras debe ser muy selectiva. Debe terminarse con el recurso fácil a la compra de series anodinas para rellenar a bajo costo y con pocos problemas las horas de progrmación.

3.- En cuanto al cine, la programación de TVE debe reflejar los distintos aspectos desde los que se puede contemplar este “arte del siglo XX”. En ese sentido, la programación cinematográfica debe atender los siguientes aspectos:

-Criterios de emisión: Independientemente de la adecuacion de los contenidos a las bandas de horarios de audiencia específica –adecuación, en todo caso, que debe llevarse a cabo con criterios de flexibilidad- el criterio central de selección de películas para su emisión en TVE debe basarse en la calidad de las mismas, en su dimensión histórico-cultural y en el interés objetivo de sus contenidos. En ningún caso, el soporte técnco original –color, formato de pantalla, milimetraje- debe ser causa para su emsión o para su rechazo. Es recomendable una atención prioritaria al cine español, atención cuyos límites no serán otros que los criterios de calidad, interés argumental o dimensión histórica.

-La emisión de películas por TVE debe complementarse con la existencia de programas donde se informe, estudie y analice específicamente el fenómeno cinematográfico. Debe prestarse más atención a los aspectos históricos, de lenguaje, técnicos, expresivos, etc., del cine, que a los meramente coyunturales que, frecuentemente, derivan en programas de promoción indiscriminada de estrenos en salas comerciales. No hay que olvidar, tampoco, las conveniencia de acompañar determinados filmes, o ciclos de películas, de una adecuada presentación a cargo de especialidstas cualificados, que, debidamente tratada, enriquecería la mera proyección.

-Señalemos, por último, la conveniencia de que TVE participe activamente en la producción de nuevos filmes, bien mediante su propia producción, bien mediante el sistema de coprorducción con la industria. Ambos sistemas, frecuentes en la televiisón europea –Italia, Alemania, Francia, Suecia- sirven para impulsar nuevos talentos –incluyendo los talentos de aquellos creativos que trabajan para la propia TVE- y ayudan a la producción de obras de significada calidad o lenguaje cinematográfico avanzado, cuya realización, si ha de sujetarse a las exigencias de la taquilla, difícilmente resulta viable.¡

4.- En cuanto al teatro, tanto en radio como en televisión, debe practicarse una política que revierta en la recuperación del gusto por esta importante faceta cultural en sectores cada vez más amplios de la población. La experiencia reciente sobre el teatro en los Medios y, particularmente en televisión, no es satisfactoria.

Una primera recomendación sería, desde luego, la de incrementar las producciones “desde el teatro”, en la misma línea de integración con el hecho cultural vivo a que se refería el apartado correspondiente a la músia. Por otra parte y por cuanto se refiere al teatro producido por y para la televisión, debe procederse a un riguroso replanteamiento de los esquemas de producción y condicionamientos técnicos, materiales, estéticos y contractuales de las grabaciones dramáticas en TVE. A nivel de programación, la combinación de obras asequibles con otras más complejas extremando en ambas el rigor formal en el tratamiento, puede revelarse útil para esa función de “rescate” de la audiencia a que nos hemos referido.¡

5.- Por lo que se refiere a los programas  de variedades y muy singularmente a los concursos, debe evitarse hacer de estos géneros refugio de la vulgaridad y de la falta absoluta de exigencia estética. En ningún caso los concursos podrán basarse en el espectáulo del rídiculo (físico o intelectual) de los participantes en ellos. Se promoverán los concursos que incorporen alguna dimensión cultural específica.

3.5. La programación infantil y juvenil¡

La importancia social del tema es obvia. Hoy, los niños y adolescentes dedican casi tanto tiempo a ver televisión y a oir radio como a ir a la escuela. La presencia de la televisión en los hogares ha alterado profundamente las relaciones familiares y los patrones de socialización tradicionales. Frente a los padres y educadores, un agente impersonal se yergue imponiendo a los niños nuevos modelos, nuevas normas, nuevas relaciones: la televisión.

Al propio tiempo, es poca la investigación empíirica concluyente que ilustra sobre los efectos de estos cambios. Se diría que la preocupación social ha marchado por delante de la investigación y hasta ha enervado sus posibilidades.

Hay mucho prejuicio y poca evidencia sobre los efectos de la televisión y la radio en niños y adolescentes. Ello nos hace pisar un terreno particularmente resbaladizo, pero a la vez, nos sugiere una primera recomendación: intensificar los estudios e investigaciones (de todo tipo y desde distintos enfoques heurísticos) sobre el niño, la radio y la televisión.

1.- Antes de entrar en la programación específica dirigida a niños y adolescentes, conviene referirse al problema general que se suscita por la contemplación o audición por niños y adolescentes de programación para adultos, en línea con el principio inspirador qu establece el Estatuto de la Radio y la Televisión de la “protección de la juventud y la infancia”. En este sentido, bastan por el momento unas recomendaciones de sentido común que no resultan ociosas: deben evitarse los contenidos violentos o audaces en los horairos susceptibles de audiencia infantil y, en odo caso, procede una eficaz presentación de las advertencias de rigor cuando los programas a emitir sean inadecuados para ese tipo de audiencia. Dado, por otra parte, el aumento en el techo de permisividad en la programción general, no sería desdeñable una campaña en los propios medios para sensibilizar a los padres de la conveniencia de seguir las orientaciones que se dén sobre la inadecuación de determinados programas para públicos infantiles y juveniles, independientemente del aludido cuidado por parte de los programadores en la elección de horas, espacios y días para la emsiión de programas de tales características.

2.- En el terreno de la programación específica infantil, que incide mucho más en televisión que en radio, es fundamental la llamada investigación formativa, es decir, el trabajo integrado de científicos especializados en el mundo infantil y creadores. Hay ya alguna experiencia satisfactoria en el proceso de producción de progrmas infantiles. Esta línea debe cotinuar y profundizarse.

3.- En la producción ajena, se debe evitar el recurso sistemático a las series de difbujos animados que presentan un contenido excesivamente violento y maniqueo o que excitan la sensiblería y la dependencia infantil. Cuando el recurso a la producción ajena sea necesario, debe “mirarse con lupa” lo que se compra. Esta prevención hacia la violencia sistemática, no debe limitarse a los contenidos, sino también al lenguaje expresivo de los programas, sin desconocer la existencia de la violencia como componente real en los comportamientos y conflictos humanos y sociales.

4.- La programación debe ser “graduada” sin desatender grupos de edad concretos y debe explicarse el público-objetivo de cada programa, de forma que los padres puedan seleccionar en función de la edad de los hijos. Por otra parte, la invitación que hace el Estatuto a los medios para que cooperen con el esquema educativo, hace recomendable que RTVE divulgue en los centros escolares de la Nación, los contenidos recomendables para niños y adolescentes de distintos grupos de edad, de forma tal que padres y educadores confluyan en esa tarea selectiva.

5.- El objetivo de educación democrática, que es comúna  todos los medios y sectores de la programación, es válido tambiénpara la programación infantil y juvenil. Debe hacerse especial énfasis enlos valores de libertad, solidaridad, igualdad y respecto a las leyes. Es preciso,d entro de tal contexto básico, soslayar la tentación de ofrecer una programación infantil dieológicamente cargada.

6.- Se debe ir hacia una programación infantil y juvenil que estimule e inice al niño a la vida, que le descubra nuevos mundos y despierte su criosidad, que e sensibilice enlas manifestaciones artístitcas y científicas y, sobre todo, que le invite a imaginar y aser partícipe del mundo que le rodea. En esta misma línea se hande fomentar los programas con participación directa de nivños y adolescentes.

3.6. Otros programas

Para cerrar este capítulo, se van a formular algunas recomendaciones concretas sobre algunos sectores de programción o tipos de programas que, sin ser cuantitavtivamente muy importantes en el contexto de la programación de los Medios, tienen gran importancia cualitativa y constituyen materia de obligado pronunciamiento por parte del Consejo de Administración.

3.6.1 Programas de cooperación con el sistema educativo.

El Estatuto de la Radio y la Televisión Española en su preámbulo el carácter de ambos medios como “vehículos de cooperación con el sistema educativo”. En efecto, tanto la radio como la televisión son instrumentos aptos para canalizar programas formales de educación a  cualquier nivel y cooperar así con el sistema educativo para posibilitar los estudios de quienes por una u otra razón no pueden acceder al sistema presencial de dispensación de la enseñanza.

Dada la complejidad del tema y su trascendencia, es deseable que se mantengan contactos con las autoridades de las instituciones de Educación a Distancia de los distintos nivels (UNED, INBAD y CENEBAD). En cualquier caso, debe procurarse que la utiliación de soportes del Ente Públcio en la cooperación con el sistema educativo, no vaya en merma de la atención que ya se viene prestando a otras funciones, de modo tal que, básicamente, las innovaciones que provengan de esta función educativa se sustancien a través de la correlativa ampliación de los soportes horarios de emisión.

3.6.2 Programas religiosos

El principio constitucional de la libertad religiosa y de culto, y su consecuencia de las obligadas relaciones de cooperación de los poderes públicos con las distintas confesiones, como asimismo el hecho sociológico constitucionalmente reconocido de la práctica religiosa mayoritariamente católica de la población, obligan a un replantemaiento serio de la programación religiosa en los Medios.

Por una parte, la comparación internacional permite valorar como escaso, en términos absolutos, el tiempo actualmente concedido en TVE a la programación de este carácter. En este sentido y teniendo en cuenta para el cómputo de dicho tiempo el que pudiera derivarse de la puesta en vigor del derecho de antena, se procurará acompasar la presencia religiosa en la programación de TVE a la práctica habitual en otros países democráticos. Por lo que se refiere a la presencia de los cultos religosos, y muy singularmente la tranmisión dominical de la Santa Misa, ha de ponerse en relación el aspecto religioso con el aspecto cultural, para lo que parece aconsejable que las transmisiones se realicen desde templos con valores artísticos, monumentales o simplemente pintorescos o tradicionales. Asimismo, deben establecerse programas de análisis del hecho religoso con una perspectiva pluralista.

Por otra parte, la apertura de la programación de los medios a la libertad religiosa, supone la presencia de otras confesiones diferentes de la católica, en espacios diferenciados y asignando con base al peso social (número de fieles) de cada confesión la proporción de tiempo de antena.

4.- RECOMENDACIONES ESPECIALES PARA CADA MEDIO

En este apartado se formulan algunas recomendaciones de aplicación sigular para TVE, RNE y RCE que se dreivan de las funciones diferenciadas que cada uno debe satisfacer en el contexto de la idea de servicio públcio que es común a todoos.

4.1. Televisión Española

Las recomendaciones para este Medio no pretenden agotar su problemática específica, sino referise únicamente a un aspecto de signular importancia en la política de programación: a saber, las relaciones entre los dos soportes de que actualmente dispone TVE.

Probablemente no sea falso decir que la famosa alternativa competividad versus complementariedad ha oscurecido el correcto entendimiento de lo que deben ser las relaciones entre ambos soportes. No se trata de opciones cerradas y excluyentes, porque no se dan en una sola dimensión; los soportes pueden competir en algunas dimensiones y complementarse en otras y de lo que se trata es precisamente de optimizar el producto que entre las dos proporcionen, con miras al cumplimiento de los objetivos integrados que el servicio público dtermina y propiciando en todo caso la existencia de un “estilo” propio, de una filosofía comunicativa con rasgos específicos para cada una.

Por los problemas de cobertura y calidad de la recepcion del UHF en ciertas zonas del territorio, y sobre todo, por la imagen de Medio para minorías, aburrido, espesamente “cultural” que la Segunda Cadena ha tenido, lo cierto es que para más del ochenta por ciento de la audiencia, tal Cadena no ha existido en la práctica, ha sido una opción no tenida en cuenta. Para modificar esta situación es preciso “abrir” la Segunda Cadena a nuevos públicos, promocionándola desde la Primera, pero sin renunciar a su especificad cultural. Al tiempo que se consigue la cobertura nacional, debe dotarse a este soporte de los medios técnicos y humanos y de los recursos precisos para su equiparación con la primera, ampliando con el ritmo que las cirucunstancias permitan su horario de emisión.

El aumento de los contenidos de más aceptación popular como vía de promoción debe hacerse sin merma en ningún caso de los niveles de calidad que en ambos soportes son exigibles. Pero, sobre todo, entendemos que el legítimo objetivo –por razones de rentabilidad comunicativa- de aumentar la audiencia de la Cadena, no es necesario realizarlo a través de un esquema de programa de interés general, sino que se consigue más bien mediante una correcta y bien articulada poítica de atención a demandas de grupos con intereses comunicativos heterogéneos que genera acumulativamente ese aumento de audiencia que se busca. La experiencia internacional sobre competitividad de soportes dentro de un mismo Ente, sin ningún principio de coordinación entre ellos, es alecionadora: a la captación masiva de la audiencia, la competitividad se traducen en solapamiento y, finalmente, en frustación de la audiencia.

4.2. Radio Nacional de España

En RENE, la exitencia de cuatro soportes diferentes (Radio 1, Radio 2, Radio 3 y Radio Exterior de España) proporciona la infraestructura para una política de comunicación radiofónica ambiciosa. Por su infraestructura y las posibilidades de combinación que ofrece, RNE puede y debe ser la principal organización radiofónica del país en términos de audiencia, y al propio tiempo atender las demandas específicas que cómo servicio público ha de satisfacer.

En este sentido, es válida la especialización que atiende a la música “seria”, a la cultura y a la audiencia en el exterior. Siendo así las cosas, de lo que se trata es de mantener una coherencia con la línea de especialización elegida. Sin que se pierda en ninguno de los soportes la perspectiva de servicio público (y por tanto sirviendo en distinta media unos objetivos generales), hay que procurar al mismo tiempo no alienarse aquella audienca especializada que se ha llegado a conseguir.

Por lo que se refiere a Radio 1 el carácter fundamentalmente informativo a través del que se la define en el actual esquema de programas debe entenderse con gran amplitud de concepto.

El principal riesgo a que se enfrenta hoy el soporte de audiencia mas importante de RNE puede ser el de que los contenidos informativos y de opinión –que permean toda la programación- puedan saturar al oyente y provocar rechazo. La programación, que no puede renunciar al carácter comprensivo característico del canal y derivado de su función integradora, debe ser sensible a este riesgo y atender a las eventuales reacciones.

4.3. Radiocadena Española

En el caso de RCE, recientemente integrada en RTVE y en consecuencia, en período de rodaje institucional, poco más puede hacerse que destacar precisamente aquellos aspectos que naturalmente se derivan de su integración. En concreto, su carácter de soporte vehiculador de una programación regional, provincial, y localmente orientada.

No tiene sentido que RCE compita con RNE sobre el plano nacional. Al propio tiempo no puede ignorarse que la pernuria de los soportes locales hace difícil mantener una programción explusivamente local con la dignidad y calidad eixgidas en un Medio Públco. Por ello, la línea a desarrollar es simultáneamente la potenciación de los emisores locales y regionales y la ayuda del soporte central para la integración de los objetivos generales de programación. En la práctica esto querrá decir que tal vez la colaboración de los serviicos centrales se debe orientar más a la producción y distirubicón entre las emisoras de programs argumentales (donde lógicamente no hay a nivel local capacidad de producir series dramáticas o musicales (por la penuria de los archivos sonoros en las pequeñas emisoras) que al montaje de unos grandes servicios informativos centrales, ya que en esto siempre estarán en desventaja con los de RNE y se puede producir derroches y duplicaciones innecsarios. El tema es complejo y aquí sólo se va a dejar apuntado, relatando el hecho de que la existencia de entidades jurídicamente independientes (en este caso RNE y RCE) no debe aboslutizarse hasta rechazar la colaboración natural entre organizaicones encuadradas en un mismo Ente y que tiene un objetivo común.

Por último, no debe dejar de señalarse que en el momento de construción del Estado de las Autonomías, y sin perder de vista el sentido de la identidad nacional común a todos los Medios, el mayor servicio que una estructura como RCE puede prestar a la sociedad española, es el que se deriva de su función de integración regional, por lo que la programación de tal carácter debe ser objeto de especial atención.

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