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Primero fue Disney, reencarnado en Felipín, después el Ogro, el temible Josemari, mas tarde Bambi, el cervatillo feliz de Josele y por último Tancredo, Marianillo. Estos son los actores de la Opereta... "Mi tele y yo"

El primero, Felipe, pintó un mundo feliz, administrando el Soma mientras se enriquecían en la botica del Estado, fueron años de despegue económico y RTVE vivía en la abundancia y el prestigio de ser la única cadena de televisión. Los contenidos eran "guais", no había límite para el gasto, se viajaba en todos los documentales allende los mares y penetrando las selvas mas tropicales del globo se descubría la última tribu de seres con "piercings" de hueso en sus narices. Al final del periodo se habilitaron las televisiones privadas, un revulsivo para una televisión estatal, que empezó a repartir el pastel de melaza publicitario, fue cuando los españoles comenzaron a tener una deuda con la que no habían contado.

Las privadas, las autonómicas y las televisiones locales mordían todo lo que olía a publicidad y las arcas, antes llenas del estado, se pusieron a temblar viendo como las ávidas manos de los inversores veían la oportunidad de rascar el bolsillo de los contribuyentes.

En el epitafio de González se escribieron las pérdidas imposibles de cuantificar en RTVE, pues la inercia empresarial impedía cambiar un modelo que había dejado de existir. Se elaboró la herencia y las joyas de la corona, la red hertziana, se vendió al peso, primero bajo el nombre de Retevisión para posteriormente regalar lo que podría haber sido una operadora pública de telecomunicaciones, un patrimonio de los españoles enajenado para satisfacer a los amigos del poder.

Estábamos en esto, cuando viendo los españoles que nos estaban metiendo mano en la cartera y la deuda aumentaba al hilo de la crisis del 92, se iniciaron las maniobras para dejar una "tostada" al tan temido político feo, con bigote y malas artes que no paraba de cacarear "Váyase Sr. González".

El Ogro, a la sazón, Aznar, aterrizó en Torrespaña donde encargó quitar todo lo que olía a naftalina del PSOE. Se vivieron años de transición televisiva pero los momentos de estabilidad emocional empezaron a resquebrajarse. Los imperios no duran siempre, internet avanzaba por la puerta de atrás, los "laptops" ahora cabían en los maletines y los mas snobs llevaban zapatófonos Nokia.

La deuda de RTVE se hinchaba por momentos por lo que se comenzó a jibarizar la plantilla, la producción propia y al tiempo que se perdía cuota de audiencia se lanzaba un mensaje informativo para apoyar al régimen, ya se sabe que los gobernantes se degradan como las bolsas se basura reciclables.

En un golpe de suerte de "primarias", apareció Bambi entre las bambalinas, con un tutú y tocado por la varita mandó al Ogro a parar en el Consejo de Estado. Josele con su cara bondadosa y sus zejas, con zeta, su incomparable y perfectamente compatible inutilidad mental, sembró RTVE con una directora con nombre de caja de Bombones, que sabía de televisión, lo mismo que sabe un mando a distancia. Mientras andaban todos distraídos con las hipotecas basura, montó los servicios gratuitos de un Consejo de Sabios que elaboró un informe que sirvió como papel higiénico de los wáteres de La Moncloa.

En este edificio de la Complutense madrileña jugaban al baloncesto, parece ser, los maridos de las misnistras Vogue y su glamourosa pose. Entre canasta y canasta se estableció una estrategia para tomar al asalto los altavoces mediáticos, Roures y Cía intentarían blindar una cadena que sirviera para la retirada socialista en caso de que la mamandurría se acabara. Eran tiempos de ERES y Formación y las dádivas del Estado servían para "pa asá una vaca" por los colegas.

Los jugadores tenía un plan pero el partido se acabó antes de tiempo por lesión de la hacienda pública. Antes, en una parada técnica se finiquitó la publicidad para que su colega Berlusconi pudiera seguir disfrutando de Villa Certosa y su no tan colega Lara patrocinara el nacional-catolicismo de Junqueras. Se retocó la ley de financiación para que su simple nombre sirviera para indicar a la izquierda creyente que el tema de la tele pública estaba resuelto.
Los sindicatos bocazas habían permanecido callados porque llenaban sus bolsillos robando del erario lo que servía para mantener su estructura y la de sus benefactores, el PSOE, y harto todo español de a pie votaron botar a Josele para subir en un pedestal democrático a Don Tancredo, alias Rajoy, que con su talante antitalante Zapatero hizo mutis por el foro mediático.

Tancredo no sabía torear por lo que desapareció de todas las cadenas, tanto es así que muchos españoles pensamos que no había presidente y si una vicepresidenta que colocó al amigo de su marido glorioso al frente de una empresa quebrada, económica, moral y auditivamente.

Ha pasado el tiempo como en un metrónomo, con una cadencia de 7 x 8 x 7 x 4 y casi al final de este último compás liberal han alcanzado a darse cuenta que su impredecible estupidez ha traido bajo el brazo al anonymous Pablo Iglesias que usado como arma mediático-política amenaza en convertirse en el primer presidente sin programa de gobierno y si con programa de televisión.

Sirven ahora, en bandeja de plata, un ibuprofeno y retoman, en un intento desesperado, la idea de quitar la publicidad a sus verdugos de las privadas. En estas estamos, aguantando el chaparrón los pobres profesionales españoles que vemos como las oportunidades se esfuman y el mérito se extingue.

Los españoles han regalado sus ojos a otras televisiones, no saben que sus ojos tenían un precio, el de la publicidad y que su simple recuperación proporcionaría al estado unos ingresos que necesita. Regalar los ingresos a los sátrapas de las privadas es robar la vista de los españoles. Mientras los ojos sirvan para producir, no cabe pensar que arreglemos el problema con unas gafas.

Hay muchas ópticas para mirar el problema de la televisión pública pero solo una para tener un estado eficiente. Devolvamos al César, lo que es del César.

Hay en juego entre 150 y 200 millones de presupuesto. Somos la televisión mas barata del mundo mundial, en español para el mundo e internacional para España. No hablamos de La 1, ni de La 2, hablamos de una televisión internacional que debe propagar nuestros productos y nuestra cultura para hacer presente la pluralidad en un mundo uniplural. Una televisión pública española tiene futuro si nuestros políticos tienen la cabeza limpia de estereotipos y saben que el audiovisual nutre el universo de las conciencias.

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