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Se dice que el primer sindicalista apareció gracias a la invención del silbato. Posteriormente vinieron los tambores de Calanda, las bocinas de coche, los megáfonos y las trompetas cañeras del fútbol.

Los sindicados hacen ruido, es su forma de protestar en un país que odia la música clásica por ser una aficción burguesa dominada por compositores alemanes. El ruido embelesa a las huestes y los pobres sordos que hemos perdido el tímpano con las sirenas de las "lecheras" de Franco pensamos que existen otras formas, mas sanas de protestar. Odiamos el ruido y la protesta fácil y recurrente de hacer ruído para ser escuchado, como si el ruido contuviera palabras y razones, cuando la realidad descubre que es un modelo de respuesta arcaico, por no decir pretérito o ancestral.

El ruido de los sindicados, antes eran sindicalistas, busca producir ruido mediático, como no podía ser de otra manera y algunos periódicos de la denominada prensa roja, se hacen eco, el sonido siempre rebota, y por ese fenómeno acústico de la reverberación, opinan de forma ruidosa sin mas dilación que lo que tarda en llegar el ruido, esto es a 340 m/sg.

Los sindicatos tradicionales son básicos, protestan de forma simple y sus acciones son parecidas a las de hace muchísimos años, señal de que no han evolucionado en sus postulados. En un mundo que vive la era Internet, donde las manifestaciones callejeras se han convertido en sistemas baratos de hacer camping y ligar ideológicamente, dónde los catalanes se manifiestan con paraguas al igual, que en Hong Kong, (es otoño, si no serían sombrillas), en un mundo, como decíamos donde es la foto aérea la mayor protesta, el sentido de la palabra, de la razón se ha perdido quedándose la protesta en eso, en protesta, en una suerte de segregación de endomorfinas que tranquilizan el ánimo y atemperan el cabreo.

Nostros proponemos sustituir el ruido por el silencio. Por trabajar estoicamente y si, protestar, pero mediante la conversación, la retórica, la sátira, el discurso, en definitiva la palabra. Es un defecto ser lectores de nuestra historia, de ahí que queramos escribirla, pero el ruido, el ruido ni se lee ni se escribe solo perfora los tímpanos.

Fuente: Publico.es

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